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martes, 23 de diciembre de 2014

¿Somos todos Podemos?

Manuel Garí || Viento Sur

El pasado sábado día 20 de diciembre Alberto San Juan en una entrevista en el programa de la noche de La Sexta TV en conversación con el Gran Wyoming, afirmó que "todos somos Podemos", por lo que en vez de criticar debemos actuar. No puedo sino estar absolutamente de acuerdo con este mensaje. El problema es que es polisémico, por lo que hay varios significados y niveles de significación que es conveniente desentrañar.

Desde el punto de vista del militante –mi caso- o al menos del inscrito y votante virtual de Podemos, la afirmación de San Juan es una gran verdad. Nos apuntamos porque quisimos, algunos lo hicimos desde el momento cero y no tenemos intención de apuntarnos a la legión de “podemólogos” que se dedican a sacar punta sin ton ni son, pero tenemos opinión y vamos a actuar para que el partido proponga a la sociedad y se organice como creamos que es lo mejor para la mayoría social.
Y ahí comienza el primer problema. El proyecto de Podemos se va a llevar a cabo mediante un modelo organizativo centralizado y basado en una “máquina de guerra electoral”, con el claro liderazgo de Pablo Iglesias -liderazgo, afirmo yo, indiscutido e indiscutible-, así como mediante la ratificación de sus decisiones a través de mecanismos que en la práctica resultan plebiscitarios.
Tras la constitución formal de Podemos y ya antes de las elecciones europeas, cristalizó un enfrentamiento y falta de puentes de diálogo entre los dos sectores que habían fundado Podemos: el grupo de profesores de la Universidad Complutense de Madrid e Izquierda Anticapitalista (IA). El momento álgido de esta división fue cuando se difundió la falsa “teoría” de la conspiración de IA para “dar un golpe de Estado” para hacerse con la dirección de la incipiente organización, que provocó la justificación de una maniobra, ésta real y no imaginaria, de ocupación en exclusiva de la dirección y la exclusión absoluta de IA. Ello provocó un distanciamiento entre ambas partes que, tal como he expresado reiteradamente, en nada convenía al proyecto.

Tal como se aprobó el modelo organizativo tras la Asamblea Ciudadana de Vista Alegre no resulta fácil afirmar que todos los componentes de Podemos puedan actuar sin tener que sortear importantes restricciones sobrevenidas. Pero sobre todo me preocupa que se haya instaurado una práctica en la configuración de las listas para la elección de los órganos internos que dificulta la representación de quienes no son avalados por el núcleo dirigente. Listas completas, voto individualizado, escaso debate sobre proyectos junto al prestigio del liderazgo y su acceso a los medios de comunicación de masas, que dieron como resultado la elección de un Consejo Ciudadano monocolor.

Esta metodología va a reproducirse en la elección de parte de los Consejos Ciudadanos municipales, cristalizando una fórmula en la que existe una candidatura local “oficial”, con la misma denominación que la encabezada en su día por Pablo Iglesias para el Consejo Ciudadano estatal. La asociación de ideas es inmediata para el votante. Con ello, en la práctica, la mayoría de Podemos que tiene la absoluta mayoría en la dirección, está constituyéndose en una tendencia organizada aunque no haya sido esa su intención, ni lo haya proclamado ni expresado públicamente. Haciendo cuentas, ello supondrá en muchos casos que quien reciba el 75% de votos obtenga el 100% de los puestos en el Consejo municipal. De cristalizar esta fórmula, la pluralidad y diversidad existente en Podemos, que forma parte de su riqueza y fortaleza, no estará presente en los órganos de dirección. En ausencia de una participación plural más o menos proporcional en los órganos, se dificulta la integración de la pluralidad interna. Habrá sectores con mayores dificultades para sentirse Podemos de pleno derecho.
Siempre he estado convencido de que, en esta cuestión, la dirección tendrá que plantearse cambios en prácticas y fórmulas, lo que redundará en beneficio de toda la organización. De no hacerlo, irá perdiendo “biodiversidad”, lo que la hará más vulnerable a plagas y epidemias. Si se producen cambios internos en el buen camino, posibilitando la polifonía y el mestizaje, Podemos se fortalecerá frente a los nuevos retos y ante los ataques que tendrá, máxime si llega al gobierno, por parte de la santa alianza del capital y el régimen del 78 apoyados desde el Bundesbank, el BCE, la Comisión de la UE y el FMI, el nuevo cuarteto de la muerte.

Es más que probable -y desde luego sería deseable- que en próximas confecciones de listas, sea para órganos internos o para votaciones primarias y populares, lográramos que el sistema de presentación de candidaturas no impida la plena participación y coparticipación de todos los sectores en la dirección de Podemos o en su representación institucional. Procedimientos y mecanismos para lograrlo existen y son compatibles con las normas organizativas de la organización.
Por ello resulta muy estimulante el anuncio de Pablo Iglesias de apoyar la candidatura de Teresa Rodríguez en Andalucia. Ello podría suponer el fin de una etapa de déficit de cooperación interna y el comienzo de otra en la que se normalice la existencia de opiniones diferentes en el seno de una organización. Con ello Podemos entraría en una práctica incluyente de la diversidad. Si todos los componentes de una fuerza política actúan leal y fraternalmente respecto al resto, el debate democrático pluralista posibilitará una acción unificada más eficaz.

Hay un tercer nivel del “todos somos Podemos” que refiere al conjunto de la sociedad. ¿Qué base social busca la dirección de Podemos? ¿Qué base electoral quiere configurar? En mi opinión el análisis mayoritario en Podemos es tributario de la concepción del 99% versus el 1% que imposibilita comprender todas las líneas antagónicas que se producen en una sociedad en la que, desgraciadamente, el 1% tiene alianzas estables con amplias capas de la población, tanto por razones económicas como, también, ideológicas. La estrategia actual de Podemos pasa por adaptar el discurso a las necesidades electorales y al “sentido común” dominante y nivel de conciencia del grueso de la población a la que se dirige. Constituye un proyecto que aspira a aglutinar una mayoría electoral en torno a la polarización de “la gente” frente a “la casta”, del “pueblo” frente a la “oligarquía”. Tiende a subordinar la integración en su discurso y su programa de las respuestas, reivindicaciones y demandas sociales y políticas a la táctica electoral inmediata. El criterio selectivo es si ayudan o no a la construcción de una unidad nacional-popular lo más amplia posible con el fin de ganar las próximas elecciones generales.

Podemos se está constituyendo en un partido electoral de nuevo tipo que no parece aspirar a un anclaje territorial a través de la deliberación interna y la participación activa de los Círculos en su construcción. Combina la escasa concreción de su proyecto de cambio social y el continuo reajuste del mismo en función de las necesidades electorales y de apoyo social, con la formulación de propuestas concretas cada vez más pragmáticas destinadas a recabar apoyos entre las capas medias y a reforzar su “respetabilidad” como fuerza política. En este sentido, relega a un segundo plano la relación con los movimientos sociales.

Con ello se renuncia a construir la unidad popular en pos del poder popular como antagónico al de la burguesía. Por mi parte considero que, al contrario, hay que poner en relación el trabajo por la victoria electoral y la formación de un gobierno de izquierdas (local, autonómico, estatal) con el impulso y fortalecimiento de la movilización, la organización y la unidad popular por abajo. Ambos procesos deben realimentarse para vencer los obstáculos presentes y poder hacer frente a la contra ofensiva reaccionaria que se multiplicará si Podemos forma gobierno.

La legítima y necesaria aspiración de aprovechar la ventana de oportunidad que ofrecen la actual crisis de régimen y, sobre todo, el declive de los dos grandes partidos está conduciendo a una rápida evolución de las posiciones de Podemos que tiende hacia la moderación del programa con el que se presentó a las elecciones europeas en cuestiones clave. De ese modo, se busca aparecer como una alternativa de gobierno realista, con responsabilidad de Estado y de cuyo gobierno formarían parte los mejores, la gente experta en cada área. Ni mención a la elaboración participativa de los programas por parte del pueblo, ni a la necesidad de que el futuro gobierno apoye y se apoye en el fortalecimiento y movilización de las organizaciones populares. La moderación del programa electoral y del discurso de Podemos ha ido en paralelo al aumento de sus expectativas electorales y en su evolución hacia un comportamiento que, si no se reconduce, acabaría imitando el modelo de los partidos “atrapalo-todo”.

Se ha pasado de buscar la “centralidad” mediante el planteamiento de temas centrales que afectan a amplias capas de población por encima de sus adscripciones ideológicas, a intentar disputar al PSOE el “centro” político. De ahí la nueva imagen socialdemócrata que se proyecta para borrar el pasado más a la izquierda del programa electoral de las europeas. El borrador de programa económico encargado a dos profesores universitarios (económicamente keynesiano y políticamente socialdemócrata) ha sido la herramienta para llevar a cabo la operación. El modelo de relación que la dirección quiere establecer con el pueblo hace que, en su relación directa y sin mediaciones con el electorado, pueda combinar muy diferentes mensajes.

En este tercer nivel, el del conjunto de la sociedad, no todos somos Podemos. En el seno de la sociedad hay fracturas que van más allá del 1% versus 99%. La lucha de clases existe y sigue. El documento de los expertos Torres y Navarro sobre las propuestas para un programa económico de Podemos pareciera que olvida que la implementación de las medidas supondrá la ira de los mercados. Es impensable poner en pie desde el gobierno un programa para la mayoría social sin contemplar el conflicto, sin tener en cuenta que la burguesía ni necesita ni quiere nuevos pactos. Porque existen contradicciones en los intereses entre diversas capas, no todos somos Podemos en el país. Podemos somos los que tenemos cuentas pendientes con el régimen de la reforma del 78 y el austericidio, los que trabajamos por el cambio favorable a la mayoría social. Es en ese plano dónde vamos a encontrar materia para fortalecer la unidad interna de Podemos y restañar las heridas infringidas o sufridas en el proceso anterior. Abramos una nueva etapa para Podemos porque tenemos la obligación de abrir una nueva época para el pueblo.

22/12/2014

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