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lunes, 14 de abril de 2014

14 de Abril: Entrevista a Jaime Pastor

1. La crisis de la monarquía es evidente, ¿cree usted que ha llegado el momento de reclamar la III República?

 Respuesta: Efectivamente, esa crisis está a la vista pero, dadas las limitaciones con las que tropieza todavía la difusión de un imaginario republicano popular, hay que reconocer que existe aún un margen en el bloque de poder dominante para tratar de resolverla mediante una operación sucesoria, acompañada de algunas autorreformas de fachada que busquen neutralizar el rechazo que se extiende hacia esa institución. Mayor razón, por tanto, para cuestionar a la monarquía en un sentido alternativo frente a los de arriba e incluso a quienes están haciéndolo desde la extrema derecha.

2. Las tensiones territoriales ponen de manifiesto los límites de la Constitución de 1978. ¿Es necesaria una nueva constitución, que opte por un modelo republicano federal?
R: Que las “tensiones territoriales”, principalmente ahora en torno al conflicto catalán y a la recentralización política actual, están cuestionando el “modelo” autonómico es evidente. El problema está en que antes de plantear una nueva Constitución que opte por un modelo republicano federal habría que conocer la opinión de pueblos como el catalán sobre cuál es el tipo de relación que quieren mantener con otros pueblos del Estado: ¿federal, confederal, independiente? Sólo después de conocerla cabría valorar si se plantea un común modelo republicano federal o, por el contrario, un proceso de constitución de Repúblicas que a continuación llegaran voluntariamente a acordar algún tipo de relación distinta de la actual.

3. La acentuada pérdida de derechos de los trabajadores y de los ciudadanos ¿exige la creación de un gran movimiento democrático por la República?

 R: El vaciamiento de los derechos de ciudadanía en general y, sobre todo, de los sociales es cada vez mayor. Haría falta promover un gran movimiento plural a favor de la ruptura con este régimen y por la libre unión republicana de nuestros pueblos; un horizonte que debería ir estrechamente unido al rechazo al pago de la deuda ilegítima (empezando por la derogación del artículo 135 de la Constitución vigente) y al blindaje constitucional de nuestros derechos y bienes comunes, objetivos que sin duda nos confrontarían con la troika y nos exigirían unir nuestras fuerzas con, al menos, los pueblos del Sur de Europa.

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