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martes, 15 de octubre de 2013

¿Adónde vais, Valderas, Lara y compañía?


Tomás Martínez, militante de Izquierda Anticapitalista-Granada
 
En un lugar de la izquierda, de cuyo nombre bien puedo y quiero acordarme, no ha mucho tiempo que Diego Valderas pedía que la clase trabajadora andaluza se rebelara frente a las políticas neoliberales del PP-PSOE…pero el hidalgo onubense, a lomos del rocín con hambre de poder, sacudió animosamente las riendas, chocó con los molinos de viento y decidió subirse a las aspas y acomodarse en su eje. Y donde dije digo…

Con esta cervantina imagen podríamos resumir el último zambullido, precipitándose en el pozo ciego ideológico, que llevó a cabo la dirección de Izquierda Unida hace ya año y medio, satisfecha con los positivos resultados electorales. A nadie de la izquierda social pilló desprevenida la suma de escaños que la austeridad les puso en bandeja, pero un desembarco tan entreguista como el visto luego podía ofrecer dudas. Las consecuencias del “abrazo del oso” las conocemos bien los del sur. Izquierda Anticapitalista-Andalucía decidimos no presentar nuestra candidatura a las elecciones autonómicas de Marzo de 2012 a la Junta. Era una oportunidad para crecer como organización, ser visibles en el tablero electoral y ofrecer una respuesta de oposición radical, de líneas rojas bien marcadas, a la ya previsible apuesta de IU por el “pacto de izquierdas” que la aritmética confirmó, a pesar de la dificultad de cabalgar contra una CUT mediáticamente combativa.

El manido escenario andaluz de una izquierda institucional plegándose a gobernar con el régimen Chaves-Griñán, que muy pronto decide sin traumas cambiar de bando y ponerse enfrente de los trabajadores empuñando la tijera autonómica para resistir a la estatal, sin duda nos ha dado la oportunidad de señalarlos en la bancada de los que recortan. Nuestro deber como revolucionarios es denunciar la gestión del capitalismo de compañeros con los cuales compartimos movilizaciones y dicen querer combatirlo.

Esta reflexión parte de la política de hechos consumados que ofrece el penoso balance de Izquierda Unida en la Junta, pero quiere recordar la tarea en aumentar la conciencia de clase y la necesidad a partir de este ejemplo de un programa de lucha que no acepte ni las cartas marcadas de la troika ni tampoco el salvavidas reformista, analizar el rumbo estatal de esta izquierda, con la que operamos en la calle, en el período que tenemos inmediato y los límites que nos marcamos como organización.
Desde esta activa parte de la trinchera, que se enfrenta a los recortes vengan de donde vengan, cabe preguntarse hacia dónde se dirige el proyecto posibilista de Valderas y Maíllo, el mismo de Cayo Lara, qué pasos sin retorno ya se han dado, si responden al deseo institucional de una vetusta dirección o si es voluntad asumida y compartida por todos los sectores el ensayar un rescate a la socialdemocracia y conformar un futuro gobierno estatal de progreso, como muchos nos tememos.
¿Adónde va Izquierda Unida? Quizás ni ellos mismos lo tengan del todo claro. En la paleta política que se configura desde el ciclo de movilizaciones que abrió el 15M ha querido darse a conocer a la nueva generación militante como si no tuviera ombligo, pero su cojera le viene de los pactos del 78. Desde la legalización del PCE, premio al buen comportamiento por tragarse parte de su ADN, la marca ha custodiado con éxito el margen izquierdo del parlamento, sacando merecido pecho en las movilizaciones contra la OTAN.

Su estable crecimiento electoral se debe más al desmérito y descrédito de la opción social-liberal tras el zapaterismo, tan terrible golpe para la izquierda, que por ofrecer un proyecto ilusionante a la clase trabajadora en plena cresta de la crisis del capital. Hábilmente se resitúa frente al “mundo indignado” como la tirita de una herida mal curada, la Transición y sus lodos infestados de derrotas y traiciones. Pero si Cayo Lara quiere ser el sepulturero no puede echar la pala sobre los suyos.

“Sí se puede, pero sólo esto, así que no esperéis más”

Izquierda Unida, la de Maíllo y Lara, nos vuelve a convocar ahora, coincidiendo con un calendario minado de citas con las urnas, a toda la izquierda que quiere enfrentarse a la troika. He leído comunicados respecto a esta convocatoria y me pregunto si la troika es más o menos sanguinaria si se la combate desde Madrid o Granada, por ejemplo. Y es que aquí, quienes dicen dónde hay que meter la tijera eran Griñán antes, Susana ahora, y el inseparable Valderas. Si preguntara a mis compañeros de Marea Verde-Granada, me dirían que su Merkel se llamaba, hasta el recambio de gobierno, Mar Moreno (PSOE), y también saldría con pitos en las orejas nuestra consejería de Sanidad si quisiera confirmar contra quién iba dirigida la huelga de médicos internos residentes (MIR) de inicios de año, la recogida de firmas del comité de usuarios del hospital comarcal de Baza o las manifestaciones de Marea Blanca contra la unificación de dos hospitales sevillanos.

En definitiva, resulta más que incomprensible llamar a conformar un frente político amplio contra los mercados y el capital financiero si en el sur IU está instalada sin complejos en el gobierno para regular y suavizar las órdenes que llegan desde ellos. Más allá de la incoherencia, la discusión en la Junta no es ya “ajuste o no ajuste”, sino los términos sobre cómo éste se aplica para levantar cuantas menos ampollas.

Por otra parte sería de ciegos negar que en un aspecto sí se ha podido visibilizar el pincel de Valderas-Maíllo en la Junta. Al urgente drama de los desahucios, la consejera Cortés respondió con una ley que enseguida causó sarpullidos a Madrid y Bruselas. Sin embargo, la génesis se ha hecho desde arriba, sin contar con las PAHs y grupos de Stop Desahucios, que la consideran un paso aunque insuficiente, y la respuesta institucional a la suspensión por Rajoy fue cuanto menos descafeinada.
Si alguien preguntara por qué se ha hecho tan poco o menos de lo esperado, seguro que se nos diría que es lo que da la fuerza de tres consejerías. No habrá otra casilla con respuesta B. Tomar el camino de la responsabilidad conlleva frenar y dejar aparcados (o abandonados) los mensajes del marketing de campaña. Y así, demostrar que IU puede mantenerse incólume en un abrazo del PSOE, es a estas alturas de chiste.

“Izquierda Unida aprieta pero no ahoga”, se atrevió a decir sin sonrojarse Castro, el portavoz de la coalición en el discurso de investidura de la heredera a título póstumo de Griñán. Lo de estar ahogados se lo han dejado a los trabajadores. Pero sus señorías socialistas pueden estar muy tranquilos porque nadie va a echarse al monte si hacer ese movimiento significa llevar el “rebélate” hasta las últimas consecuencias.

Hace unas semanas leí (confieso que con vergüenza ajena) el titular con el que recogía el digital La Marea la intervención de Centella, secretario general del PCE, en la fiesta anual del partido: “Convocamos al pueblo a la rebelión”. ¿Otra vez a rebelarse? Mi reacción inmediata fue por qué es necesaria otra, si la primera ya los llevó en fila hasta el Palacio de San Telmo. El muñidor del pacto con Susana Díaz prefirió dejar a Clark Kent en la cabina y ponerse la capa de Superman. Y otra perla reluciente más. El recién estrenado coordinador Maíllo se presentó hace poco en un acto, con nula posibilidad de intervenir por parte del público, diciendo alto y claro que “La movilización no sirve de nada si luego no se vota a IU”. Una radiografía funesta del camino que se ha tomado sin ambages con este zurcido y sufrido pacto andaluz: cambiar pancartas por votos y enseñar el camino de vuelta a casa a los que buscan las luchas en la calle.

Porque el tan promocionado gobierno-muralla contra las 7 plagas de Rajoy que rige los destinos sureños se ha quedado en sólo un gobierno-baldosa bastante translúcido, atragantado por una mala digestión de los EREs, el plato precocinado incluido en la lista de la compra de ambas formaciones antes de darse el “Sí, quiero” y prometernos oro, incienso y mirra a los trabajadores andaluces. ¿Y cuál fue, respecto a la podredumbre del clientelismo socialista, la respuesta que dio Izquierda Unida? Cumplir lo pactado con una comisión de investigación antes de que la juez Alaya empezara a desempolvar a diestro y siniestro. La incomodidad de IU ha sido más que manifiesta, pero ese casi atronador silencio sobre la metástasis de corrupción en su socio quizás se debe, como Valderas dice, a que “El pacto con el PSOE no es de personas sino de políticas”.

Con este cromo del “gobierno bueno” por exportar a Madrid, la dirección de Cayo Lara querrá aspirar a tocar con los dedos cuanto antes el famoso “sorpasso” enarbolando la bandera de Maquiavelo de que “El fin justifica los medios”. En las elecciones generales no debería sorprendernos un lema tal como “Para que no te recorten”. Y tan panchos.

Una Izquierda Unida agujereada como un queso gruyer por las contradicciones que pesan en su currículum y de las que no quiere hacer “tabula rassa” nos propone que “Sí se puede, pero sólo nos dejan hacer esto, así que no esperéis ni nos pidáis más”. Reformulado: el posibilismo, la enfermedad crónica del reformismo.

Se convierte así este discurso en el máximo común denominador de esta corriente a nivel europeo, que aun cuando afirme tener voluntad de circular por una autopista, va a tomar la marcha lenta, poniendo el intermitente para despistar y frenando a quienes queremos superar los límites de velocidad que nos impone el sistema. Lo vemos con Syriza en Grecia, el Front de Gauche en Francia y así fue con Rifondazione en Italia.

Frente a lo ilimitado de la lucha en la calle en la que nos encontramos, la izquierda a la izquierda del cadáver caliente de la socialdemocracia parece haber hallado su límite en las instituciones y en el modo de llegar a ellas, en la gestión de lo práctico, certero y legislable. Si IU, frente a un ciclo electoral en el que está al alza en las encuestas, no experimenta por el contrario un crecimiento en militancia, no hay duda de que ha perdido o está perdiendo la calle como espacio en tensión para hacer política.

¿Adónde vamos los anticapitalistas y revolucionarios?

Con un ejemplo como éste cabe preguntarse qué más nos queda por saber respecto a si la izquierda revolucionaria debe contar con una fuerza burocratizada, aquí y en el resto del estado, para una alternativa política de ruptura con el capitalismo. Cuántas veces más oiremos enésimas y vacías refundaciones, convocatorias amplias desde arriba contra el neoliberalismo, operaciones syriceantes, que acaban tropezando con la piedra del freno en los marcos de lo establecido. Para construir una alternativa de clase y revolucionaria que se oponga sin que le tiemble el pulso a toda gestión del sistema necesitamos saber adónde vamos los anticapitalistas. La crisis política y social del estado español no cesa de agudizarse y los diferentes actores en escena que aspiramos a que las calles se llenen para derribar a este andamiaje necesitamos tener un mapa limpio. Nuestras alianzas nos definen y en el próximo período serán decisivas.

Sabemos diferenciar a los compañeros honestos de Izquierda Unida que están con nosotros en las mareas, en el movimiento estudiantil y parando desahucios de las burocracias regionales y estatales, al igual que muchos pertenecemos a sindicatos mayoritarios y estamos en las antípodas políticas de Toxo. No seremos nosotros los que estemos incómodos en algunos espacios compartidos, y será precisamente la interlocución con las silentes bases críticas de IU la nos permita influir en ellas.
La defensa de la máxima unidad en las luchas y la necesidad de un frente único de toda la izquierda, también otras corrientes revolucionarias, tendría que ser nuestra brújula para confrontar con las políticas de austeridad que nos acechan. Disponemos una vez más del marco de la huelga general educativa del 24 de Octubre para golpear juntos y derribar al inmediato enemigo común. Es aquí donde la mano a IU tiene que estar muy tendida, al calor de las movilizaciones. También en este terreno pondremos los cimientos para un referente anticapitalista no posibilista. Hay que apremiar y no esperar “ad aeternum” la coherencia debida al sector de la CUT de Gordillo. Tras jurar y perjurar año tras año desmarcarse y romper con IU si ésta alcanzaba cualquier acuerdo de gobernabilidad en la Junta, su único comportamiento díscolo se ha limitado a ausentarse de votaciones comprometidas como con ocasión de los presupuestos, pero plegándose llegado el momento a una lista unitaria para la elección de la nueva dirección andaluza que encabeza Maíllo. Creemos que hay campo por construir con estos compañeros en la izquierda andaluza. Compartimos con ellos el libre derecho a la autodeterminación (cuestión con la que Cayo Lara se enmienda a sí mismo día tras día), aunque en Andalucía la conciencia nacional es mínima. Nos interesa reconstruir con ellos la de clase, la lucha contra el capitalismo sobre el asfalto. Pero hay que decirles que no se puede estar toda una vida de Pepito Grillo: hay que romper con Pinocho. Otros se han cambiado de trinchera pero parece que aún no lo saben, prefieren cruzar la calle con los ojos cerrados a la acera de los que son responsables. Quieren estar por la mañana firmando y “ejecutando” políticas desde el BOJA, y por la tarde no faltar a sostener la pancarta de los sectores afectados por la misma Junta. Ésta es la izquierda que no se despeina al sentarse en el escaño. Y se le está cayendo el pelo. No podemos cabalgar empujados por una coyuntura política (que le es favorable) en las alforjas de IU, aceptando el cómodo atajo electoral y balanceándonos al viento de la “unidad de las izquierdas”, que predica que el único límite es ponerse límites. La montura coja del reformismo, gobierne o no, acaba buscando caminos transitables sin mojarse el cuerpo entero en el barro de las luchas, de la ruptura con el sistema y las instituciones que quiere domesticar. No nos debe bastar con decir que somos anticapitalistas, sino llevarlo conscientemente a la práctica, colocándonos en esas coordenadas ante la oportunidad que nos ofrece la crisis para reflexionar sobre la cuestión estratégica en la reconstrucción de la conciencia de clase y operar en ese espacio “a la izquierda de lo posible”, sin buscar los fáciles señuelos que confunden lo político con lo electoral.

¿Estamos haciendo los revolucionarios al menos todo lo que está en nuestras manos, desde nuestra modesta pero hiperactivista militancia, para creernos y decir sin mentir lo de que “la lucha es el único camino”? Nos toca crecer, en los movimientos y sindicatos, organizarnos y seguir cavando. Nuestra respuesta a la ofensiva capitalista debe ser desobedecer activamente y pringarnos como organización en las múltiples peleas diarias de la clase trabajadora.

2 comentarios:

  1. Desde un conocimiento muy superficial del tema, diría que no es posible ejercer tus idearios y llevar a cabo tus acciones, reformas, planteamientos o como queramos llamarlo, cuando únicamente formas parte del equipo de gobierno, sin ser el partido mayoritario.
    Quiero recalcar este hecho por que parece que se obvia por completo en el artículo, el gobierno de Andalucía, está, porque sus ciudadanos así lo han decidido en manos del PSOE. Por lo tanto, ni IU Andalucía puede pretender, ni desde otros sitios se les puede reclamar, que cumplan a rajatabla su programa electoral o sus ideales marxistas, puesto que solo les corresponde una pequeña parte del poder de gobierno que los ciudadanos les han dado.
    Muy diferente sería el caso en el que IU gobierne en andalucía en mayoría, o siendo el partido responsable de formar gobierno.
    En definitiva, y por poner un ejemplo sencillo, si el PSOE obtiene el 45% de los votos y IU el 15% de los votos en una comunidad, y se asocian para formar gobierno hay dos opciones:
    Formas parte del gobierno, asumiendo que el PSOE te triplica en número de votantes y por tanto el peso de sus decisiones en el gobierno debe ser proporcional, y tu ejerces en la medida de lo posible tu influencia.
    No formas parte del gobierno y te quedas satisfecho con tu conciencia de revolucionario, haces oposición criticando todo lo legítimamente criticable, y todas las decisiones de gobierno son tomadas por el PSOE sin tu influencia.

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    1. Lo dejas muy claro al final de tu comentario David. IU no tenía porque haber pactado ni haber entrado en un gobierno de coalición con el PSOE... pero a más de un burócrata de IU le interesaba perpetrar su silloncito. ¿Por qué? Porque IU no es una organización revolucionaria ni marxista, es una organización con políticos profesionales, y reformista.

      Saludos

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