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viernes, 16 de enero de 2015

31 de enero: ¿La Marcha del cambio?


Somos muchas y muchos quienes hemos recibido con estupor la convocatoria por parte de Podemos de una manifestación en solitario para llenar Madrid de color morado. Sin lema central, sin aliados políticos.

Solo conocemos, y podemos compartir, la negativa por parte de la dirección de que participe la “casta sindical”. El problema llega cuando no se ha contado para una movilización de ese calibre con absolutamente nadie. Ni con otros partidos de la izquierda, ni con los movimientos sociales, ni con los sindicatos mayoritarios, ni con las Marchas de la Dignidad.

El 22 de marzo de 2014 llenamos Madrid de muchos colores, de riqueza ideológica, de pluralidad política, de trabajo unitario y de más de millón y medio de personas. Las “Marchas” comenzaron a trabajar meses antes, reunieron a miles de colectivos y organizaciones a lo largo y ancho del estado español, se trazaron objetivos comunes y se comenzó a andar, además literalmente. Miles de compañeros y compañeras se lanzaron a las carreteras desde todos los puntos cardinales ( ese “De norte a sur, de este a oeste” que coreábamos...) del país para converger sobre Madrid en diversas columnas llevando en sus banderas las reivindicaciones comunes: Pan, Trabajo, Techo... y Dignidad.


El objetivo, como en las mejores rutas, no era el camino, sino el trayecto. Así, durante meses trabajamos codo con codo gente de muchas procedencias e ideologías, dando forma política y organizativa a las Marchas, en este caso, en Burgos. Sin pretender glorificar aquellas movilizaciones (aunque sí la manifestación en Madrid, claro) el camino estaba trazado: debate, acuerdo político en cuestiones concretas y acción unitaria. Los resultados saltan a la vista.


Podemos ha actuado de la manera contraria: sin contar con ningún aliado político, sin ningún debate en las bases del partido o con el resto de agentes sociales existentes, sin reivindicaciones concretas, solo con un lema: La Marcha del Cambio.

Nos cuesta estar de acuerdo con la idea: ¿qué cambio? ¿Ganar las elecciones o cierto poder institucional es ganar? ¿Es Cambiar que se modifiquen los colores de las bancadas parlamentarias? Con esa manifestación la dirección de Podemos evita debatir sobre los problemas centrales respecto al Poder: ¿Qué es el Estado y a quien sirve? ¿Es una herramienta neutral? ¿Es posible un gobierno de la “Mayoría” que no esté sostenido en la movilización social? ¿Dónde se genera la riqueza y quien se la apropia?...


Por otro lado, se está obviando el problema fundamental: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar para dar la vuelta a situación que vivimos? ¿Estamos dispuestxs a romper los huevos necesarios para hacer esa tortilla? La mayor parte de los mensajes que se envían son difusos, sin pretender asustar a los poderosos, sin entrar a cuestionar la explotación laboral sino solo los casos más extremos o perversos, sin poner en tela de juicio los privilegios de los capitalistas sino solo los excesos visibles...


Todos esos debates deberían darse en Podemos desde el primer Círculo hasta el último: nos parecen fundamentales para abordar un proceso de movilización sostenida que, entonces sí, lleve sobre sus hombros un gobierno de la mayoría y lo sostenga frente a los ataques que de seguro se darán.

La movilización propuesta para el 31 de enero dará imágenes para la posteridad y unos “selfies “preciosos, pero será un hecho aislado y solitario y no será útil para un Cambio real, de abajo arriba, que cuestione los cimientos del Régimen.


Y por último, no es momento de restringir la participación a la elaboración de “lemas” y “proyectos” mientras se delega la elaboración política en “los mejores profesionales”.

Es momento de estimular la participación social en la elaboración de los programas para la lucha y la conquista de las instituciones, porque estamos en año electoral y además de lleno en la más amplia resistencia social a un sistema depredador y represivo.

Sin eso la participación será solo un simulacro, un concurso televisivo que no será útil a la construcción del Poder Popular.


Acacio Puig y Oscar J. Domingo

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