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jueves, 1 de mayo de 2014

Comunicado ante el 1º de Mayo


Comunicado de Izquierda Anticapitalista

El 1 de Mayo es una fecha emblemática del movimiento obrero: un día de demostración de fuerza, dignidad y organización de los trabajadores y de las trabajadoras. Para nosotros no es ni un funeral ni un momento de folclore, sino una oportunidad para comenzar a reconstruir la conciencia de clase, a través de la movilización y del encuentro en las calles de los y de las de abajo. Por eso apostamos por un 1º de mayo plural, unitario, donde confluyan las diferentes luchas que atraviesan el mundo del trabajo: desde las reivindicaciones de luchas sectoriales de diferentes empresas hasta las luchas contra la feminización de la pobreza, pasando por la batalla por un empleo sostenible desde un punto de vista ecológico y la defensa de los servicios públicos.

La clase trabajadora se está enfrentando a duros ataques por las políticas neoliberales de los sucesivos gobiernos de los partidos del régimen. Tanto el PP como el PSOE aplican políticas que tratan de minar las conquistas históricas del movimiento obrero, que pretenden atomizar el mundo del trabajo, relegándolo al simple papel de mano de obra. Lo que persiguen las contrarreformas no es tan sólo empobrecer a la sociedad para que el capital recupere sus tasas gananciales a costa de los salarios (que también), sino restarle poder estratégico a la clase obrera, restándole capacidad de confrontarse con el capital.

Lo cierto es que el movimiento sindical representa a un sector de la clase trabajadora en concreto, básicamente trabajadores industriales y funcionarios, con unas condiciones laborales basadas en la negociación colectiva, que están siendo duramente atacados por las amenazas de deslocalización y por los recortes de los servicios públicos. Este sector de trabajadores tiene que ser una de las dos patas claves en el proceso de reconstrucción de un sujeto antagonista que le plante al capital. La otra parte de la reconstrucción de un nuevo movimiento obrero tiene que ser el precariado: los trabajadores y trabajadoras de diferentes sectores, como servicios o trabajos inmateriales que no sienten identificación con unas estructuras sindicales obsoletas y burocratizadas. Este sector de la clase, muchas veces invisibilizado, es diverso y fundamentalmente nuevo: teleoperadoras, reponedores, inmigrantes, becarias, parados... Un sector disperso por sus condiciones laborales pero fundamental en la nueva composición de clase, con formas innovadoras de expresión política como las que avanza el 15M. Vemos necesario articular los dos sectores de la clase trabajadora, buscando espacios de encuentro, mediante un proceso de largo recorrido donde las luchas y combates comunes acerquen a los y a las de abajo. Una huelga general para nosotras es útil no solo para confrontarse con el gobierno de Rajoy, sino también como espacio de autoorganización democrática desde la base. Una huelga social organizada dentro y fuera de los puestos de trabajo; que tenga la fábrica como punto de encuentro pero también las plazas y los barrios; al fin y cabo, el objetivo de los sindicatos debe ser contribuir a la vinculación de las obreras, dotar de medios materiales a extensión de las luchas facilitando el empoderamiento y autonomía de la clase: los trabajadores deben gestionar sus reivindicaciones. También es urgente combatir las salidas individualistas, que sólo conducen a la competencia entre los explotados. Frente las propuestas de exilio o la ideología de los emprendedores, nosotras planteamos una salida de la crisis basada en lo común, en lo colectivo, en la generación de redes de solidaridad y cooperación. Construir un tejido social comunitario, que no se cierre en sí mismo sino que sea una avanzadilla performativa de las alternativas posibles: desde la ocupación de viviendas hasta la recuperación de los movimientos de barrio, pasando por los comedores sociales y lugares de ocio alternativo para los trabajadores y trabajadoras. Una materialización de la hegemonía obrera que sea el germen de un contrapoder es necesaria para prefigurar el socialismo que queremos construir, democrático y basado en la autogestión popular, pero también para combatir los monstruos y fantasmas que produce la desesperación, como el fascismo.

Resolver esta situación requiere cambiar la correlación de fuerzas, experiencias, tiempo para innovar en las prácticas antagonistas y llevar la lucha al plano de las alternativas políticas. El chantaje de la deuda denota la falta de democracia del actual régimen: transferencia del sector privado al público de las deudas, rescate de los bancos, pago de intereses descomunales a las entidades financieras. Y mientras, austeridad en las políticas sociales, desahucios, paro, recortes salariales, precariedad. Romper con el chantaje de la deuda es cuestión de voluntad política. Existen millones de viviendas vacías: dicen que no se puede, pero no quieren. Es la podredumbre del sistema capitalista: un sistema basado en mentiras, explotación y corrupción.

Para combatir el paro y la precariedad, al contrario que izquierda oficial, nosotros no planteamos crear más trabajo, sino repartir el existente. La mitad de la población juvenil está en el paro, permitiendo así el mantenimiento de un ejército de mano de obra despedida utilizado para precarizar las condiciones de vida, calculado para echar abajo los salarios. Si el único motor del capital es la obtención de ganancias, nuestro interés debe ser el reparto del trabajo, reduciendo la jornada laboral sin necesidad de reducir las rentas del trabajo. Por supuesto que se puede: es necesario abordar el problema no solo como un aumento de la riqueza (dinero hay de sobra, lo tienen los bancos), sino como un reparto de la misma. La problemática no está en la productividad laboral pues existen medios materiales potenciales para acabar con la miseria, el hambre, con el neoesclavismo. La cuestión fundamental es que el capital es un tapón para ese desarrollo social, causa de la irracionalidad estructural de un sistema donde la apropiación individual subsume una producción que es social: las necesidades de la mayoría de la población no importan en absoluto. ¿Cuántas horas de trabajo se dedican a mantener la cadena de mando capitalista, con trabajos que sólo sirven para mantener la apropiación personal de la producción colectiva de los obreros? Racionalizar la economía implica democratizarla, buscando la conquista de la producción por los productores. Luchar colectivamente por trabajar menos y ganar más es introducir una contradicción irresoluble para el capital: el capital generó los medios materiales para hacer real esa demanda, pero es el principal impedimento. El capital desaprovecha los potenciales humanos en aras de su beneficio. ¡Démosle la vuelta a su trampa reapropiándonos de la riqueza y repartiendo el trabajo, combatiendo así la miseria, la servidumbre y la exclusión social que genera el paro! Además, el trabajo asalariado implica la destrucción de la vida de las personas, esclavizándolas tanto dentro como fuera de sus jornadas laborales. Nosotros no combatimos tan sólo por un salario: queremos también romper con la alienación capitalista, otorgarle dignidad a la existencia, conquistar autonomía en todos los ámbitos de la vida cotidiana, liberar el tiempo y construir un bienestar basado en el interés común. No es cierto que la sociedad esté a nuestro margen: la sociedad es una construcción humana. Los y las trabajadoras, organizados, constituidos cómo sujeto político pueden reconducir una situación y construir una sociedad para lo 99%, democrática y socialista.

Es fundamental que construir un bloque social unitario capaz de oponerse al régimen del capital, que tenga sus ejes programáticos en consignas de ruptura:
  • Nacionalización de la banca bajo control social. Solución del problema de las preferentes mediante la expropiación del capital de los ejecutivos que contribuyeron el fraude. Inversión de los beneficios financieros en regenerar el tejido productivo desde una perspectiva ecológica. Para trabajar tod@s, reducción de la jornada laboral sin reducción salarial. Renta Básica para todos los parados, para combatir la exclusión social. Control de los trabajadores y de las trabajadoras de las cuentas de las empresas para acabar con los despidos.
  • Expropiación de las viviendas propiedad de la banca y de los especuladores. Alquiler social vinculado a la renta. Fuerte impuesto sobre las viviendas de lujo. Nacionalización de las grandes cadenas de alimentación y su control por parte de las comunidades de los barrios. La vivienda y la alimentación son derechos innegociables.
  • Auditoría de la deuda. Por una democratización de las políticas públicas. Cancelación del pago de la deuda ilegítima y odiosa transferida del sector privado al público.
  • Fin de los recortes. Frente a privatización de la educación y de la sanidad, socialización bajo control de la comunidad educativa/sanitaria y de las usuarias. No hay espacio para lo privado en los derechos básicos.
  • Contra la miseria de las políticas de austeridad, movilización internacionalista y organización de los movimientos de resistencia desde abajo y la izquierda. Tenemos el reto de abrir un nuevo ciclo de movilizaciones anti-austeridad en espacios de resistencia cada vez más abiertos y amplios, avanzando en la coordinación de los movimientos del Sur de Europa. La brecha abierta por el 22M es un buen ejemplo de como se puede movilizar unitariamente a partir de reivindicaciones concretas.
Desarrollar la lucha de clases es el único camino: ¡organízate con nosotros para acabar con el régimen y construir la alternativa anticapitalista!
¡Abajo los gobiernos de la troika!: conquistar la democracia y los derechos sociales pasa por la movilización, organización y el combate. ¡Otro mundo es posible y otra izquierda es necesaria. !¡Únete a una nueva forma de hacer y entender la política!

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