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lunes, 9 de marzo de 2015

Declaración de la IV Internacional sobre Palestina

Situación

En Israel y en los territorios palestinos, el año 2014 se caracterizó por la intensificación de las lógicas que se vienen desarrollando desde hace dos décadas: incremento del control sobre Gaza y Cisjordania, continuación y aceleración de la colonización judía, represión permanente contra las y los palestinos, intervenciones militares puntuales extremadamente violentas, dando un paso cualitativo en el último ataque sangriento contra Gaza en el verano de 2014, estrangulamiento político y económico de la sociedad palestina, radicalización de la sociedad y del ámbito político israelíes. 

2) Aún cuando estas lógicas se inscriban en las dinámicas previas a los acuerdos de Oslo (1993-1994); esto es: un prologado proceso de desposesión territorial y de limpieza étnica, a escala y ritmo variado según las coyunturas, para comprender la situación actual es necesario integrar las modificaciones que se han dado a partir del período inaugurado por la "autonomía palestina". O sea, el fin de la ocupación directa, mediante el ejército israelí, de las principales concentraciones urbanas palestinas; existencia de un aparato político-administrativo y represivo palestino (la Autoridad Palestina), y la marginación de las y los refugiados palestinos del "exterior".
3) Las contradicciones inherentes al "proceso de paz" y, por consiguiente, a las tareas de la Autoridad Palestina, como la contención de las reivindicaciones y de la resistencia palestina mediante la redistribución de la ayuda internacional y la represión, sin obtener al mismo tiempo ningún beneficio político real, explotaron en setiembre del año 2000 con la "segunda Intifada". Expresión del rechazo, por parte de amplios sectores de la sociedad palestina, a continuar callada ante un proceso de reorganización de la ocupación israelí fraudulentamente denominado "proceso de paz" y frente a un aceleración sin precedentes de la colonización, la revuelta que explotó en setiembre del año 2000 puso a la luz del día las divisiones en el seno de la Autoridad Palestina entre, por una parte, los partidarios de un improbable equilibrio entre la lucha contra la ocupación y la cooperación con las autoridades de la ocupación, y de otra, los partidarios de integrarse al dispositivo colonial.

4) La violenta represión israelí, con la eliminación o arresto de miles de resistentes, en su mayoría proveniente de Fatah, reforzó a las corrientes más sumisas de la dirección palestina, como quedó de manifiesto tras la muerte de Yaser Arafat y su reemplazo por Mahmoud Abbas. Desde 2005, la Autoridad Palestina dirigida por Abbas y sus próximos (viejos y nuevos) asume plenamente su papel de colaborar de las fuerzas de ocupación israelíes, fundamentalmente a través de la reestructuración de las fuerzas de seguridad palestinas bajo tutela de Estados Unidos. Más aún, la Autoridad Palestina, bajo el impulso de su Primer ministro Salam Fayyad (antiguo alto funcionario del FMI), aceleró y concluyó la integración y supeditación de la economía palestina en el sistema capitalista mundial y en el de su principal representante local: Israel. Si aún, en el seno del aparato de la Autoridad Palestina, siguen existiendo sectores nacionalistas -provenientes de Fatah- hostiles a la cogestión con la potencia dominante, estos sectores cada vez están más marginados.

5) La victoria de Hamas en las elecciones legislativas de 2006 constituyó una nueva expresión deformada del rechazo mayoritario existente en la sociedad palestina a someterse a los dictados occidentales e israelíes, así como a otorgar apoyo político a una Autoridad Palestina cobarde y corrupta. A ojos de la población, la Autoridad Palestina no se confunde con Fatah, como lo muestra el hecho de que los dirigentes que fueron batidos en las elecciones provenían de la Autoridad Palestina (en circunscripciones de voto) y no de Fatah, que obtuvo unos resultados apenas inferiores a los de Hamas a nivel nacional (sistema de lista).

6) La victoria de Hamas y la toma bajo control de la franja de Gaza en respuesta a la tentativa de golpe de Estado impulsada por Mohammad Dahlan (dirigente de Fatah), apoyada directa o indirectamente por Estados Unidos, Egipto e Israel, enfrentaron a Hamas a las contradicciones de Oslo. En el seno del movimiento de la resistencia islámica, las divisiones aparecen cada vez más claras entre, por una parte, los partidarios de continuar resistiendo, incluso militarmente, contra Israel (por lo tanto, ir a la confrontación con Abbas) y, por
otra parte, los partidarios de un acercamiento con la dirección de Abbas (y, por consiguiente, de una paz fría con Israel). 

7) Enfrentado a los mismos problemas que Fatah durante los primeros años de autonomía: es decir, la incompatibilidad entre co-gestión de las estructuras integradas en el dispositivo de ocupación y la lucha contra la ocupación, Hamas ha logrado mantener su unidad combinando una gestión clientelar del miniaparato de Estado de Gaza y responsabilizándose, sobre todo ante la agresión israelí, de la lucha armada (junto a otras organizaciones palestinas pero de forma mucho más visible y amplia). De ese modo, Hamas preserva su legitimidad ante, por una parte, quienes se han beneficiado directamente de la institucionalización del movimiento (quienes se benefician de las rentas del miniaparato de Estado), partidarios de una distensión de las relaciones con Israel y, de otro, de determinados sectores entre los más marginados (sobre todo en los campos de refugiados) opuestos a esa distensión.

8) Este equilibrio improbable se apoya, por lo demás, en un discurso que permite unificar a categorías sociales con intereses divergentes e incluso contradictorios; en la utopía reaccionaria de un Estado islámico en Palestina, cuyos límites territoriales y temporales constituyen una nebulosa. El referente religioso no es monopolio de Hamas y tampoco constituye la línea de división política central en el campo político palestino, pero su centralidad y su traducción en el proyecto y las prácticas de Hamas (marginar a las mujeres, la religión como sustituto de la política, permeabilidad entre antisionismo y antisemitismo, etc.) ponen más aún de relieve la necesidad, más allá de los necesarios marcos de inclusión que permitan unificar en la lucha cotidiana a las diversas corrientes de la resistencia, de una dirección política alternativa. 

9) La izquierda palestina (FPLP. FDLP, PPP, la corriente de Mustafá Bargouthi) no representa esa alternativa actualmente. Divididos entre los partidarios de una integración total (PPP) o parcial (FDPL) en la Autoridad Palestina y quienes abogan por la unidad nacional entre Hamas y la dirección de Abbas (FPLP), la izquierda palestina paga el precio de sus ambigüedades ante el "proceso de paz": si, contrariamente el PPP, eL FDLP y el FPLP son formalmente contrarios a los acuerdos de Oslo, el legitimismo de sus direcciones ante la OLP les ha conducido a callar una parte de sus críticas y a renunciar a comprometerse en la construcción de una "tercera vía", dejando a Hamas aparecer como la única oposición creíble a Arafat, primero, y después a Abbas. Ante esta ausencia de perspectivas, muchos cuadros y militantes de la izquierda palestina se han orientado hacia un trabajo en el seno de ONGs que, a pesar de que muchas de sus actividades son a menudo fundamentales, participan, en la medida que ese trabajo no se orienta a la construcción de una alternativa política, en un proceso de despolitización y de ONGización de la sociedad palestina.

10) En Israel, la radicalización de la sociedad y del ámbito político, continúan. Los últimos gobiernos, hegemonizados por fuerzas de extrema-derecha, racistas y antidemocráticos, han continuado y acelerado las políticas de colonización, de represión y de limpieza étnica contra las y los palestinos, en Cisjordania, Gaza y Jerusalén, pero también en el propio Israel. El centro y el centro-izquierda han compartido esa evolución, participando en gobiernos de coalición o callándose y, por tanto, siendo cómplices de esas políticas. El "movimiento por la paz" paga el precio de su alineamiento con el partido laborista, y actualmente, sólo los pequeño grupos anticolonialistas desarrollan una actividad contra el conjunto de la dimensión colonialista israelí y en solidaridad efectiva con el pueblo palestino. Desgraciadamente son muy minoritarios y cada vez más se enfrentan a la represión y a la intimidación por parte del Estado o de los grupos de extrema-derecha.

11) No se puede comprender y analizar cabalmente el conjunto de estas evoluciones y la degradación de la relación de fuerzas en contra del pueblo palestino sin situarlas en el contexto regional e internacional. En efecto, el Estado de Israel está totalmente integrado política y económicamente en el orden imperialista mundial y cuenta con el apoyo firme o indirecto de la casi totalidad de los países occidentales. Las tensiones entre la administración Obama y el gobierno de Netanyahu no se traducen en ninguna presión sobre Israel: debilitada en la región, EE UU no puede confrontarse directamente con los aliados israelíes. Por su parte, algunos Estados más críticos con las políticas israelíes (Brasil, Turquía e incluso China), desarrollan relaciones militares y comerciales crecientes con el Estado de Israel. Las recientes votaciones, en diversos países europeos, recomendando el reconocimiento del Estado de Palestina, si bien dan testimonio de una irritación ante la violencia, la arrogancia y la obstinación de los israelíes y de un aislamiento cada vez más acentuado del Estado de Israel, no conllevan en ningún caso la modificación real de la relación de fuerzas diplomáticas. El proceso de las revoluciones árabes, que habían abierto la posibilidad de una ruptura del
aislamiento regional de los palestinos, atraviesa un período de reflujo con el desarrollo de la contrarrevolución bajo todas sus formas (regímenes e integrismo islámico).  El proceso no ha concluido y la región está lejos de estabilizarse; no se pueden descartar nuevas evoluciones, sobre todo en Siria y en Egipto, que pudieran tener un impacto sobre la situación palestina. Pero el reflujo beneficia actualmente al Estado de Israel, con rivalidad extrema entre los países árabes y una colaboración intensificada por parte de algunos de ellos (Egipto, Jordania, Países del Golfo, etc.) con Israel. El aislamiento de los palestinos frente a un Estado de Israel que cuenta con múltiples y poderosos apoyos hace aún más importante la necesidad y la centralidad de la solidaridad internacional para modificar la relación de fuerzas.

Tareas

12) Prácticamente desde hace tres años asistimos a una inflexión táctica por parte de la dirección palestina (Abbas) que ha optado por dirigirse directamente a las instituciones internacionales desmarcándose parcialmente del marco establecido por los acuerdos de Oslo: petición de adhesión a la ONU y a los diversos organismos vinculados a ella; adhesión al Tribunal Penal Internacional (TPI), intento de que la ONU adopte una resolución exigiendo un calendario concreto para la retirada del ejército israelí de los territorios ocupados en 1967, etc. El fracaso de esta última tentativa, al igual que las amenazas de sanciones financieras que pesan sobre la AP y que podrían paralizar el funcionamiento de las instituciones palestinas si actúa ante el TPI, demuestra los límites de esta inflexión táctica,

13) Es obligado constatar que estos pasos revelan por lo que respecta a una parte de la dirección palestina, una toma de conciencia del impasse del "proceso de paz" y de las negociaciones bilaterales bajo el arbitraje de EE UU, aunque en ningún momento Abbas ni sus próximos contemplan explícitamente una ruptura formal de los acuerdos de Oslo; más bien buscan mejorar la relación de fuerzas frente a Israel. Además esta actitud es el reflejo, aunque sea deformado, de una aspiración cada vez más sentida entre la población palestina de los territorios ocupados: salir de los límites de un "proceso de paz" que cada día aleja más de una perspectiva que satisfaga los derechos nacionales palestinos.

14) Fundamentalmente es esta constatación la que ha guiado el llamamiento palestino para la campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) lanzada en julio de 2005, que sin definirse sobre la solución a largo plazo, constata el fracaso de la estrategia negociada y el desequilibrio en la relación de fuerzas, fijándose como objetivo aislar política, económica y diplomáticamente al Estado de Israel, mientras no satisfaga los derechos nacionales palestinos. En efecto, el objetivo de la campaña BDS es salir de la lógica de las negociaciones bilaterales y de "compromiso aceptable" para impulsar mecanismos de compromiso frente a un Estado israelí obstinado en no utilizar otro lenguaje que el de la fuerza. Igualmente, se trata de romper  con la lógica del enfrentamiento militar con Israel, una vía sin salida para los palestinos, y combinar las presiones exteriores con la revitalización del movimiento popular en el interior.

15) Con la campaña BDS, la solidaridad internacional dispone de una herramienta fundamental para denunciar y meter presión no solo al Estado de Israel sino también a los Estado cómplices con la ocupación, así como a las grandes firmas capitalistas multinacionales que se benefician de ella y participan, directa o indirectamente, en la explotación económica de los territorios palestinos. Desde hace una decena de años, y sobretodo, tras la masacre de Gaza en el invierno de 2008-2009, la campaña BDS ha conocido un desarrollo importante a nivel internacional, convirtiéndose en una actividad central del movimiento de solidaridad, que ha permitido algunas victorias notables, principalmente en lo que respecta al boicot y a las desinversiones.

16) Los promotores palestinos de la campaña BDS hacen hincapié en la creatividad y en el sentido táctico de los movimientos de solidaridad internacionales con el objetivo que cada cual adapte la campaña BDS a cada realidad nacional y regional. Las reivindicaciones que se pueden poner en pie, con el objetivo de que tengan un impacto real en Israel de los países y regiones, varían según los países: suspensión del acuerdo UE-Israel, suspensión inmediata del bloqueo egipcio sobre Gaza, embargo de armas, terminar con la cooperación militar y la colaboración económica (por ej. en la explotación de gas en el Mediterráneo), etc. Lo fundamental, más allá de las adaptaciones tácticas, es rechazar toda concesión sobre el fondo: la campaña BDS no cesará sin la satisfacción plena y total del conjunto de los derechos nacionales de las y los palestinos, vivan estos en los territorios ocupados de 1967, en el Estado de Israel o estén en el exilio.

17) A través y más allá de la campaña BDS, tenemos que poner el acento especialmente en reforzar los contactos, los vínculos y la colaboración de los diversos componentes del movimiento social y del movimiento obrero con sus homólogos palestinos, sean sindicatos, movimiento campesino, feminista, LGBTI, por los derechos humanos, cristianos progresistas, etc. Esta colaboración beneficia directamente a los movimientos palestinos y rompen la lógica de aislamiento, permitiendo que los movimientos de solidaridad arraiguen más profundamente en las dinámicas sociales y políticas nacionales y regionales extendiendo sus bases y su audiencia. El caos creado por las contrarrevoluciones en la región ha reforzado las lógicas de éxodo de las y los refugiados palestinos en dirección, fundamentalmente, a Europa: tomar conciencia de esta nueva situación debe constituir una preocupación del movimiento de solidaridad en relación con los movimientos en defensa de los derechos de los inmigrantes y refugiados. La criminalización del movimiento BDS y, más en general, del movimiento de solidaridad, entre otros países en Francia, constituye igualmente un dato nuevo al que tenemos que hacer frente impulsando movilizaciones lo más amplias y masivas posibles.

18) Sin duda, debemos combatir cualquier forma de racismo en el seno del movimiento de solidaridad con Palestina, sea islamófobo o antisemita, así como toda colaboración con las fuerzas de extrema-derecha. Los recientes acontecimientos en Paris y Copenhague, en los que se ha asesinado a judíos de forma deliberada, dan más importancia aún a la necesidad de luchar contra toda forma de estigmatización de base étnica o religiosa, y a la presencia de movimientos y redes judías anti-ocupación en el seno del movimiento de solidaridad. Esto supone impulsar un movimiento de solidaridad firme en sus principios en los países imperialistas, sin que renuncie no obstante, a ser inclusivo y proactivo de cara a la población de cultura árabe y/o musulmana, que representa a veces uno de los primeros nichos de la solidaridad. Se trata pues de plantearse (o profundizar) la colaboración con las fuerzas representativas de estos sectores de población, incluyendo a las fuerzas y asociaciones musulmanas, en la medida en la que la unidad sea posible sin renunciar a los principios fundamentales, sobre todo, el rechazo a la confesionalidad de la cuestión palestina y el rechazo a toda instrumentalización religiosa de la solidaridad.

19) En fin, es importante tejer y desarrollar lazos con las fuerzas de la izquierda palestina (en su diversidad) sin plantear pre-condiciones. Ese diálogo debería concentrarse, por una parte, en torno a las posibles formas de colaboración en el seno del movimiento de solidaridad internacional y, de otra, en torno a las perspectivas de recomposición de la izquierda anti-imperialista a escala regional e internacional y en base a la contribución que podamos aportar a la misma. A este respecto, las reuniones y declaraciones conjuntas de las organizaciones de la izquierda revolucionaria de la región, aún cuando las podamos considerar imperfectas y/o no del todo representativas, constituyen un punto de apoyo importante: nos corresponde el popularizarlas, reforzarlas y extenderlas, respetando el pluralismo a los desacuerdos tácticos. En el movimiento de solidaridad con los y las palestinos, debemos combatir cualquier tentativa de oponer los procesos revolucionarios en la región con la lucha palestina, recordando sobre todo la hostilidad histórica de los regímenes de la región a las reivindicaciones palestinas, y remarcando la complementariedad entre la lucha contra Israel y la lucha contra los regímenes. La conexión entre la lucha palestina y las luchas por la emancipación deben asimismo ser objetivo de una valorización particular en nuestro sistema de formación, entre otras, en los cursos del IIRE.

20) En todas estas luchas y discusiones, plantearemos las reivindicaciones recogidas en la resolución del Congreso Mundial de 2010:

* Retirada total, inmediata e incondicional del ejército israelí de los territorios ocupados en 1967, incluyendo Jerusalén-Este.
* Desmantelamiento de  todas las colonias construidas después de 1967.
* Destrucción del muro de separación.
* Liberad para las y los presos políticos detenidos por Israel;
* Suspensión inmediata y sin condiciones del bloqueo económico de Gaza como primer paso en el camino a una solución política basada en la igualdad de derechos. 

Apoyamos todas las formas de lucha del pueblo palestino para obtener sus derechos:

* Derecho a la autodeterminación sin injerencias externas.
* Derecho al retorno de las y los refugiados o de compensación para aquellos que así lo exijan.
* Igualdad de derechos para las y los palestinos de 1948 (ciudadanos del Estado de Israel)

Por lo demás, reafirmamos la necesidad, para la emancipación de los pueblos árabes, del desmantelamiento del Estado sionista, encarnación de un proyecto colonial y racista al servicio del imperialismo, en beneficio de una solución política en la que todos los pueblos de Palestina (palestino y judío israelí) puedan convivir en plena igualdad de derechos.

Ámsterdam 2 de marzo del 2015

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