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sábado, 25 de enero de 2014

EL DEBER DE LA DESOBEDIENCIA CIVIL

En el centro el general fascista Yague, el "carnicero de Badajoz"
Por Eduardo Nabal

Los vecinos de Gamonal han sido capaces de plantar cara a un gobierno derechista, especulador  y mentiroso impulsado por un gobierno central aún mas tendencioso, corrupto  y que está dejando sin empleo, lugares de trabajo y ocio, oportunidades a varias generaciones de personas en diferentes lugares. Cuando los quintacolumnistas de turno desaprueban las acciones violentas se refieren a contenedores, farolas o lunas de bancos no a los golpes de la policía, secreta o no, no a las palizas en comisaría ni tampoco empobrecimiento de un barrio entero a costa de los intereses de los mismos.
El inminente homenaje que el ya desacreditado alcalde va a hacer a la figura del General Yagüe, también conocido históricamente  como “el carnicero de Badajoz”, pone de relieve que nuestra ciudad sigue anclada en el miedo, el fetichismo militarista  o en códigos franquistas que todavía son bien acogidos por un sector de la población.

La repuesta de los vecinos frente a la especulación ha sido un ejemplo para los muchos frentes abiertos en otras ciudades del estado español, contra desahucios, cierre de hospitales, expulsión de trabajadores, especulación empresarial…pero el homenaje al sanguinario General nos pone otra vez a la cola en el avance  de las ciudades de la Castilla profunda. También lo hace una Universidad que ya tiene fecha de caducidad mas interesada por los huesos de nuestros antepasados que por las vidas de la gente joven.
Los recortes económicos se traducen en recortes sociales, ofensas simbólicas que llevan otra vez el crucifijo a las aulas y quitan ayudas a organizaciones que luchan contra la expansión del VIH, el machismo, el racismo,  el heterosexismo y al conjunto del cada vez más  frágil asociacionismo burgalés.
Supongo que el homenaje será para recordarnos que el espíritu antidemocrático, el amiguismo, la represión parapolicial, la homofobia y la incultura siguen vigentes como en aquellos tiempos gloriosos en los que los que crecieron los hijos de los que fusilaron y encarcelaron a miles y miles de personas, aquí y allí.
Es un deber ciudadano responder a una política municipal que derrocha en grandes obras para obtener beneficios y desprecia al conjunto de la población, sus intereses, sus inquietudes, sus hogares…

Es un deber democrático plantar cara a un homenaje que nos devuelve a un pasado negro que en esta ciudad, todavía, no ha muerto del todo. Por los asesinados por el franquismo y contra el totalitarismo de la derecha burgalesa no podemos permitir un homenaje que en Alemania sería “apología del genocidio” y aquí nos cubre de “gloria universal”.

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