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miércoles, 10 de febrero de 2016

EL NUEVO EJE SIONISTA Y EL REFORMISMO GRIEGO

Por Marta H.

El acercamiento creciente entre Grecia e Israel que ha ido tomando en los últimos meses el gobierno de Syriza ha acabado desembocando en la creación de un nuevo bloque geopolítico: el eje Israel-Grecia-Chipre.

Con independencia de que la causa de este acercamiento sea el control del gas natural o el alineamiento geoestratégico contra Turquía, Grecia y Syriza se han alejado de la causa palestina y han avalado al Estado de Israel precisamente en un momento en el que había un incremento de la presión internacional sobre el sionismo.


"Nuestros tres países comparten valores democráticos comunes, principios e intereses.... Damos la bienvenida a otros países que se quieran sumar a nuestros esfuerzos para promover la paz regional....el descubrimiento de yacimientos de hidrocarburos en el mediterráneo oriental puede servir como catalizador para la paz...expresamos nuestro firme apoyo a la exportación de petróleo del mediterráneo oriental a la Europa continental...hemos acordado continuar uniendo esfuerzos contra los graves peligros del terrorismo regional...condenamos sin reservas todas las manifestaciones de intolerancia religiosa, la xenofobia, el antisemitismo, el acoso a comunidades basado en el origen étnico dondequiera que se produzcan...etc"

Este es un extracto del acuerdo firmado por los 3 nuevos socios en materia de energía y seguridad. El texto representa no sólo un alarde de la excusa de la paz cuando los fines son realmente económicos sino que constituye un alegato de intención de luchar contra la campaña BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones a Israel).
Junto con este megaproyecto energético para transportar gas natural a Europa, el gobierno griego también ha aprovechado el alejamiento entre turcos e israelíes para ofrecer a Israel utilizar su espacio aéreo para zona de entrenamiento de su aviación. A cambio, Israel proporcionará actualización tecnológica militar para el ejército y la aviación griega.

Ya en julio del 2015 el gobierno griego firmó un importante acuerdo militar con Israel, similar al que existe entre Israel y Estados Unidos. El acuerdo garantiza inmunidad legal a todo el personal militar durante un entrenamiento en el territorio del otro país. Este pacto estipula que la marina de guerra de Israel puede intervenir en aguas chipriotas y en el Mediterráneo oriental para neutralizar todo ataque islamista contra intereses griegos o israelíes. De ser necesario, unidades de élite de las fuerzas armadas de Israel también podrían desplegarse en las plataformas de extracción de gas de Chipre o instalarse en bases militares griegas.

En noviembre de 2015 Alexis Tsipras visitó Jerusalén y firmó en el libro de visitas: “Es un gran honor estar en vuestra capital histórica y conocer a vuestras excelencias”. Esta dedicatoria no sólo ignora los derechos palestinos en Jerusalén sino que además viola directamente el derecho internacional y la resolución 478 del CCSS de NNUU que declara nula la proclamación de Jerusalén como capital de Israel.
Siguiendo en esa línea, Grecia y Hungría rechazaron a finales del 2015 aplicar las directrices aprobadas por la Unión Europea para etiquetar los productos originados en los territorios palestinos ocupados (Cisjordania, Jerusalén Este y los Altos del Golán) para evitar que los consumidores del mercado comunitario sean llevados a engaño.

A finales de enero del 2016 Grecia fue uno de los pocos países, junto con Hungría, Bulgaria y Chipre, que rechazaron un borrador de declaración pactada por los embajadores de los Veintiocho países de la UE ante el Comité Político y de Seguridad. El borrador de declaración instaba a Israel a “poner fin a toda la actividad de asentamientos y a desmantelar los puestos de control erigidos desde marzo de 2001”.

Syriza llegó al gobierno en Grecia el 25 de enero de 2015 y su desafiante primer ministro Alexis Tsipras prometió un golpe decisivo contra la austeridad. Desde entonces, ha aumentado los impuestos y ha vendido los bancos griegos a fondos especulativos, ha privatizado aeropuertos y puertos marítimos, y ahora está a punto de recortar las pensiones. El nuevo plan de rescate ha condenado a Grecia a estar atrapada en una profunda recesión y a un declive a largo plazo.
Casi un año después, el 27 de enero de 2016, Tsipras ha llegado a Israel acompañado por seis de sus ministros en una visita de máxima jerarquía diplomática, traicionando así también la esperanza del pueblo palestino.

Alexis Tsipras se comprometió, “por su honor y su conciencia”, a “servir al pueblo griego”. Pero es posible que “su honor y su conciencia” no pesen mucho comparados con sus compromisos financieros tras el memorándum aceptado por el gobierno griego.

Syriza es el ejemplo de que el reformismo no sólo deja de cumplir con sus promesas sino que también adopta por lo general el programa de la oposición. Pero también es la muestra evidente de que no se puede “servir a su pueblo” mientras se carga el peso sobre otros pueblos aún más deprimidos y que no se puede servir al pueblo, a ningún pueblo, sin enfrentarse con la Troika y el Capital.

El fracaso griego ha reforzado la percepción en toda Europa de que la austeridad es la única vía posible y que nada puede cambiar. Las consecuencias son graves para varios países, entre ellos España, donde Podemos sigue la deriva griega.

Vivimos tiempos de impotencia, de “paz social” impuesta por la Troika y por las falsas esperanzas del populismo. Que el ejemplo de la debacle griega sirva al menos de lección para la izquierda europea.


La austeridad no es invencible y el sionismo tampoco lo es, lo que hace falta es estar dispuesto al cambio radical, a acabar con la impotencia.

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