Jaime Pastor | Público
Profesor de Ciencia Política de la UNED
Dos acontecimientos recientes están inaugurando un nuevo período histórico cuyo alcance está todavía por ver, pero que probablemente marque un cambio de época. Primero, los resultados de las elecciones al parlamento europeo han confirmado el irreversible declive del bipartidismo, el refuerzo del soberanismo catalán y, sobre todo, la irrupción de Podemos como principal catalizador de la indignación ciudadana frente a “la casta” corrupta y su servilismo a la “dictadura de los mercados”. Luego, la abdicación del rey ha venido a confirmar el miedo de los ya viejos “poderes fácticos” a que lo que anuncien esas tendencias sea una agonía también irreversible del régimen. Les urge poner remedio.
Nos hallamos, por tanto, en un nuevo escenario en el que la “expansión del campo de lo posible” permite, por fin, abrir un horizonte de expectativas de cambio radical y de ruptura democrática que hasta ahora se hallaban bloqueadas. Quizás la actitud que ha mostrado CiU -complemento del bipartidismo durante la larga etapa “pujolista”- tanto frente a la revuelta de Can Vies como ante la abdicación del rey, sea la más reveladora del cambio que se está produciendo en el panorama político: la primera demuestra cómo el “Sí, se puede” de la desobediencia colectiva se está fortaleciendo, incluso con “violencia” (como ocurrió en Gamonal), frente a la obligación de obediencia ciega a la legalidad, mientras que la segunda no es ajena a la presión que sufre esa formación por parte de un movimiento soberanista-independentista netamente republicano que amenaza desbordarle.
Profesor de Ciencia Política de la UNED
Dos acontecimientos recientes están inaugurando un nuevo período histórico cuyo alcance está todavía por ver, pero que probablemente marque un cambio de época. Primero, los resultados de las elecciones al parlamento europeo han confirmado el irreversible declive del bipartidismo, el refuerzo del soberanismo catalán y, sobre todo, la irrupción de Podemos como principal catalizador de la indignación ciudadana frente a “la casta” corrupta y su servilismo a la “dictadura de los mercados”. Luego, la abdicación del rey ha venido a confirmar el miedo de los ya viejos “poderes fácticos” a que lo que anuncien esas tendencias sea una agonía también irreversible del régimen. Les urge poner remedio.
Nos hallamos, por tanto, en un nuevo escenario en el que la “expansión del campo de lo posible” permite, por fin, abrir un horizonte de expectativas de cambio radical y de ruptura democrática que hasta ahora se hallaban bloqueadas. Quizás la actitud que ha mostrado CiU -complemento del bipartidismo durante la larga etapa “pujolista”- tanto frente a la revuelta de Can Vies como ante la abdicación del rey, sea la más reveladora del cambio que se está produciendo en el panorama político: la primera demuestra cómo el “Sí, se puede” de la desobediencia colectiva se está fortaleciendo, incluso con “violencia” (como ocurrió en Gamonal), frente a la obligación de obediencia ciega a la legalidad, mientras que la segunda no es ajena a la presión que sufre esa formación por parte de un movimiento soberanista-independentista netamente republicano que amenaza desbordarle.

